domingo, 18 de marzo de 2012

Crónicas del Angel Caído (Siete)

4
Armagedón

Lucifer llegó al Valle de Har-Magedo, cerca de las ruinas de Meggido. Tal y como lo supuso, encontró a Dios esperándolo en medio de las ruinas de un templo pre-cristiano.
-No te puedes ir – insistió.
Dios lo miró, serio.
-¿Por qué no?
-Porque el mundo sí te necesita todavía. Esta bien, ellos te aborrecen, pero no son todos. Muchos todavía te aman y depositan su fe en ti. No puedes abandonarlos, papá.
Dios se sentó sobre una roca. Lucifer continúo.
-Eres un símbolo, un símbolo de fe, lo opuesto a mí – siguió diciendo – Eres lo que ellos invocan cuando tienen miedo, o cuando yacen en los brazos del uno y del otro. La gente hace cosas increíbles espoleadas por tu imagen y la de Cristo, que ahora son una sola. ¡Das paz y consuelo ante la aflicción, el dolor y la muerte! ¿Entiendes lo que te digo? ¡Ellos te invocan a ti! ¡Te oran a ti! ¡Se arrodillan ante ti! No ante mí.
-Pero hay tanto dolor en el mundo…
-Dolor que ellos esperan que tú termines. ¡Tú! – lo señaló – No yo. Ni Gabriel, ni Miguel, ni Uriel, ni ningún ángel. Tú, solo tú eres el Señor. Da igual como ellos te llamen: Yahvé, Jehová, Alá… Eres tú, el mismo para todos. En esencia, eres la esperanza del mundo.
Dios lo miró. Lucifer le apoyó una mano en el hombro.
-Esa esperanza no puede morir. No puedes dejarlos, papá. Te necesitan. Y tú los necesitas a ellos, tanto como ellos a ti.
Hubo un silencio prolongado. Parecía como si la Creación contuviera la respiración.
-Luciel… perdóname – Dios lloró.
-No, Padre. Perdóname tú. Perdóname por cada día de dolor, de sufrimiento que te he ocasionado. Sé que ya es tarde. Estamos destinados a ser opuestos. A ser Dios y el Diablo, el Bien y el Mal. Pero eso no significa que yo no reconozca que vales. Y para el universo, vales muchísimo.
Un instante de vacilación, un intercambio de miradas nerviosas, pero a la final, Dios extendió sus brazos y Lucifer se dejó abrazar.
-Sé qué lo que dices es verdad – le confesó Dios – Que soy importante para todo el mundo, pero me alegre el corazón infinitamente más saber que soy valioso para ti, como para dejar de lado nuestra enemistad, la cual nunca debió existir, y venir en mi busca. Eso me pone realmente feliz y orgulloso… y me demuestra que no todo está perdido como creía.
Continuaron abrazados por un largo rato. Cuando se separaron, Dios había decidido quedarse.
-Vamos, viejo. Te invito a tomar un trago. Corre por mi cuenta. Elige el lugar – dijo Lucifer.
-¿De veras?
-Por supuesto. Festejamos esta pequeña reconciliación. Escoge sitio.
-Hay un buen bar en la Argentina, en la ciudad de Buenos Aires, al que quisiera ir.
-¡Oh, no! ¡Otra vez Argentina! ¿Qué tienes con ese país? ¡Es una obsesión! – protestó Lucifer.
Dios rió.
-Es un secreto, Luciel. Quizás algún día te lo cuente.
-Ok. Está bien. Basta de misterios. Vamos, antes de que me arrepienta.
-Oye hijo, una ultima cosa antes de ir…
-Dime.
-¿Te diste cuenta dónde estamos?
-Ah, sí. El Valle de Har-Magedo. Armagedón – enarcó una ceja - ¿El Fin del Mundo?
-El combate entre Dios y el Diablo, según las Santas Escrituras.
Lucifer sonrió, divertido.
-Estas volviéndote sarcástico, viejo. Eso es nuevo en ti.
-Soy el fiel reflejo de mi hijo – bromeó Dios.
-A propósito de eso, ¿ya sabes qué dirán los hombres en el futuro cuando se escriba la crónica de este encuentro? ¿Sabes que nunca lo creerán? ¿Qué no lo aceptaran?
Dios se encogió de hombros.
-Me tiene sin cuidado. Son libres de creer lo que quieran. Lo cierto es que pasó.
Dios y el Diablo comenzaron a marcharse del lugar, juntos.
-Un Dios tolerante – Lucifer meneó la cabeza – Eso es bueno.
-Tanto como un Diablo bueno.

-¡Hey! ¡Vamos despacio! Quizás lo sea dentro de cinco mil millones de años. Veremos. Tal vez, ¿Quién te dice? En este mundo, todo es posible.




FIN