martes, 21 de octubre de 2014

Universo DC: La Caida de los Dioses (Dos)


2
Breves destellos de otra realidad  

Apokolips.                                                                 

Darkseid observaba de nuevo el paisaje de su torturado planeta, cuando Desaad ingresó en la habitación. Esta vez, el lacayo lo hizo despacio y de la forma correspondiente a su posición y rango.
-Mi señor. Todas nuestras tropas están listas y preparadas, tal y como querías – dijo.
-Bien – el Oscuro Señor suspiró – Una sombra negra se aproxima, Desaad. Viene como un rayo, para matarnos.
-¡No podrá hacerlo! ¡Estamos listos para luchar!
-No servirá de nada. La muerte llegará igual.
El lugarteniente de Darkseid se lo quedó mirando.
-Pero… Entonces, si la muerte es inevitable, ¿por qué enfrentarla?
Darkseid se volvió y lo miró.
-Simple: para darme tiempo a mí de prepararme.
-Amo, no entiendo… ¿Prepararte? ¿Para qué?
-Para fundirme con la Ecuación de la Anti-Vida.  

***  

Nuevo Génesis.
Highfather, al igual que Darkseid lo hiciera en su planeta hermano, observaba por una ventana su mundo. A su manera, el viejo patriarca estaba despidiéndose.
-Sé que nuestra relación nunca ha sido todo lo perfecta que debería ser – dijo detrás de él Míster Miracle. Tanto Big Barda como él hacía poco que habían llegado de la Tierra para unírseles – pero todavía no comprendo adónde quieres que vayamos y por qué debemos abandonar nuestro planeta.
-Scott, voy a confiarte algo que no le he contado a nadie todavía – Highfather se le acercó – Se trata de la Fuente: ya no puedo sentirla. Mi conexión con ella se ha desvanecido absolutamente.
-Dios mío…
-Justamente, involucrado en el asunto, hay un asesino de dioses. Sin la Fuente, ni tú ni yo, ni nadie de este planeta está a salvo. Ya no más. Es por eso que debemos irnos. Porque el deicida vendrá a por nosotros y nada podemos hacer contra él.
Míster Miracle guardó silencio, impresionado. Observó a su anciano padre directamente a los ojos.
-No estés triste, hijo, ni tampoco tengas miedo – Highfather esbozó una melancólica sonrisa – Si todo sale tal cual lo he planeado, nuestra gente no morirá. Por el contrario, todos estarán a salvo.
-Pero… ¿Qué oscuro poder es el que viene? ¿Tan terrible es como para que no podamos enfrentarlo?
-Créeme: es la Muerte en persona – el patriarca se estremeció – La Muerte… y la Ira Divina, juntas.  

***  

Dentro de su esfera de energía, Phantom Stranger volaba entre los restos del Muro tras el alma de su amigo, Jim Corrigan. Otro universo se extendía tras la destruida pared cósmica, una dimensión totalmente desconocida y que estaba absorbiendo al espíritu del ex detective de policía.
-¡Resiste, Jim! ¡Voy por ti! – murmuró Stranger, forzando a su esfera a ir más aprisa. En cuanto penetró en el nuevo universo, el extraño fantasma se vio asaltado –literalmente bombardeado– por imágenes de aquella otra realidad…
Vio una lucha increíble entre un grupo de superhéroes desconocidos contra lo que parecía ser una invasión alienígena a una ciudad sospechosamente similar a Nueva York. También, pudo observar a un musculoso y fornido guerrero rubio, un joven dios, portando entre sus manos un pesado martillo y convocando al rayo. A un cuarteto fantástico de otros héroes de diversos poderes luchando contra un villano enfundado en una armadura metálica, y a un adolescente vestido con un peculiar traje rojo y azul, saltando y trepándose de edificio en edificio como una araña.
Y vio aún más: un hombre de hierro volando por los cielos. Un grupo de mutantes peleando por su libertad. Un motero fantasma de rostro esquelético y envuelto en llamas patrullando las calles. Un cazador de vampiros de raza negra, de aspecto aguerrido y letal. Un abogado ciego vestido de diablo rojo, haciéndole frente sin miedo al hampa. Un gigante verde, musculoso y tosco. Un capitán con un escudo de acero y los colores de la bandera estadounidense encima…[1]
Stranger cerró su mente ante la avalancha de visiones que estaba recibiendo. Se enfocó en rescatar a su amigo. El espíritu de Corrigan se veía cada vez más agotado. Empezaba a disolverse en la nada.
-¡Te tengo! – la esfera que transportaba a Stranger capturó al fantasma. Compartiendo con él parte de su energía vital, consiguió que Corrigan cobrara cierta corporeidad momentánea – Jim… ¿Estás bien?
-Nadie lo está ahora… el Espectro… Black Racer… Se han fusionado – jadeó Corrigan, cansado - ¡Va por los Nuevos Dioses! ¡Va a destruirlos!
-Debemos detenerlo – Stranger comenzó a dirigir su esfera de regreso a su universo – Hay que revertir esa unión. ¡Ese nuevo ser mató al arcángel Miguel con suma facilidad!
-Stranger… Sabes apenas la mitad de la historia…
-Me la contaras mientras volvemos a casa. Vamos a tener que buscar ayuda contra esta amenaza. Tal vez Superman pueda…
-Si me disculpan – dijo una voz gruesa – Tal vez posea la solución a vuestros problemas.
Stranger y Corrigan se volvieron para mirar. Sentado sobre una tecnológica silla anti-gravitatoria, un alienígena musculoso de piel violeta flotaba acercándose a ellos. Si bien su aspecto era más tenebroso que amigable, algo en el traje que llevaba ajustado a su cuerpo les hizo acordar al difunto Metrón. Al igual que el nuevo dios, el extraterrestre viajaba en la que podría ser la versión avanzada de la silla Mobius.
-¿Quién eres tú? – preguntó con cautela Stranger.
El alienígena sonrió.
-Mi nombre es Thanos. Y creo que puedo ayudarlos…


[1] Básicamente, el “otro universo” es el Universo Marvel. Y lo que Stranger contempla es: la lucha de los Avengers contra el ejército de invasores alienígenas comandados por Loki (tal y como se vio en la película), a Thor (el joven dios del trueno) con su martillo; a los Cuatro Fantásticos luchando contra el Dr. Doom. A Spiderman, Iron Man, los X-Men, al Motorista Fantasma, Blade (el Cazavampiros), Daredevil, el Increíble Hulk y al Capitán América.

Universo DC: La Caida de los Dioses (Uno)


Parte Dos
(Escrito por Federico H. Bravo) 

1
El Black Spectre


El Muro.
Al borde del universo.
Una tenebrosa figura se erguía ahora, cuan alta era, frente al Muro de la desaparecida Fuente. Un ser único, resultado de un compuesto, una amalgama entre el Black Racer –el Mensajero de la Muerte– y el Espectro –la encarnación de la Ira Divina, el Espíritu de la Venganza–. Una criatura enfundada en una armadura oscura, vestida con una larga capa con capucha de color gris, cuyo rostro permanecía en la más tétrica de las penumbras y solo unos ojos brillantes, cargados de energía pura, eran su única parte visible.
Un ser llamado Black Spectre.
-¡La hora ha llegado! – dijo el arcángel Miguel, satisfecho - ¡Un nuevo poder se alza en el universo! ¡El castigo definitivo para los inicuos! – extendió sus alas. Voló al encuentro del Black Spectre - ¡Ve, mi Mensajero de la Muerte! ¡Mi Ángel Vengador! ¡Ve y destruye, aniquila, quema a los pecadores de Nuevo Génesis y Apokolips!
El Black Spectre fijó sus gélidos ojos en él. Frunció el ceño y lo señaló.
-Miguel, Primogénito de la Creación, Jefe de la Milicia Celestial… eres culpable de los pecados de soberbia, homicidio y albergar pensamientos impuros e impropios en un ser de luz…
-¿Qué? – el arcángel parpadeó, confundido.
-…Por lo tanto, ¡te sentencio a sufrir el justo castigo por los oprobios cometidos!
-¡Idiota! ¡En el Nombre de Yahvé, te conmino a que ceses de juzgarme y me obedezcas! ¡Yo soy tu amo!
Pero el Black Spectre había hablado y dictado su sentencia. Y esta era inapelable. Por lo que un potente rayo de luz surgió de su mano enguantada y dio de lleno en el arcángel, prendiéndolo fuego, quemándolo con un poder superior que provenía del mismísimo desaparecido Dios.
Miguel cayó hacia atrás, un cometa en llamas, chocando contra el Muro. Cuando su cuerpo parcialmente carbonizado se estrelló contra la pared cósmica, se produjo una descomunal explosión que acabó rompiéndola, reventándola en millones de fragmentos.
Testigo pasivo de la destrucción, Phantom Stranger apenas pudo usar su magia para crear una esfera energética a su alrededor y protegerse a sí mismo de los pedazos de roca que salieron despedidos en todas direcciones.
Destruido el Muro, nada surgió del otro lado. La muerte –o desaparición– de Yahvé se había llevado consigo el poder de la Fuente. Ante la alucinada vista de Stranger, del otro lado del Muro se erguía otro universo, otra Creación. Hacia allí comenzaba a flotar el espíritu debilitado y abandonado de Jim Corrigan. Casi al límite de sus fuerzas, el otro universo lo estaba absorbiendo y no había nada que pudiera hacer para evitarlo.
-¡Resiste, Jim! ¡Voy por ti! – Stranger hizo volar la esfera donde se encontraba tras su amigo. Mientras tanto, el Black Spectre se desentendía del desastre de su accionar y ya se dirigía a cumplir con su nuevo propósito: destruir a los Nuevos Dioses.

lunes, 20 de octubre de 2014

Smallville: Temporada 11 en comics


Cuando se habla de la continuación en historieta –o tebeos, si lo prefieren– de alguna serie de televisión popular, el resultado final siempre es variable. Puede ser un auténtico asco –como lo fue para mí la “Octava Temporada” de Buffy la Cazavampiros–, una idea buena al inicio y que luego se desgastó –la “Sexta Temporada” de Ángel– y una forma atractiva de presentarnos cosas clásicas en remozadas versiones. Es una suerte que la continuación de “Smallville” (serie de TV que se centraba en las vivencias de Clark Kent antes de ser Superman) pertenezca a estas últimas…
Nunca fui fan acérrimo de “Smallville”. El verdadero fan fue mi hermano. La veía por internet religiosamente cada capítulo que salía. Inevitablemente yo me sumaba, de tanto en tanto, a verla. Como fan del Hombre de Acero quería ver al menos qué onda tenía la nueva encarnación del Azuloso interpretada esta vez por el guapo Tom Welling. Las primeras temporadas me parecieron terriblemente soporíferas –mucho drama adolescente para mi gusto– pero a medida que la serie avanzó, mejoró bastante.
La serie acabó finalmente en su temporada número 10. Lejos del final-final anunciado, quedaba una puerta abierta a un maravilloso futuro: Clark asumía el traje azul y la capa roja, dispuesto a convertirse en el superhéroe que todos conocemos. Aprovechando esto fue que salieron en USA esta serie de comics, cuyo inicio –el arco argumental titulado “Guardián”– tuve el placer de leer.
En la “Temporada 11”, Clark ya es Superman. Viste una versión bastante interesante del clásico traje superheroico y, por supuesto, Lois Lane y él siguen tan enamorados como siempre. Opuestos a ellos está el malévolo Lex Luthor, quien ahora al mando de las empresas heredadas de su padre Lionel, se dispone a hacer de todo por exterminar al Hombre de Acero…
Muchos personajes de la serie de TV se irán dando cita entre las páginas de este comic, tales como la bellísima Chloe Sullivan, Oliver Queen (el vigilante enmascarado Flecha Verde), el Prof. Emil Hamilton, etc. Y muchos otros clásico de los comics del Súper se presentaran en novedosas versiones, tal y como ya se ha podido ver al Cyborg y a Monitor (el de “Crisis en las Tierras Infinitas”, aunque este último apareció entre sombras, como dándonos un breve pantallazo de lo que se viene más adelante).
Debo decir que estoy enganchado, y si bien el dibujo es regular a veces –Superman no se parece en nada a Tom Welling, lo mismo que Lois Lane no se parece mucho que digamos a Erica Durance– tiene sus aciertos –Lex Luthor se ve igual a Michael Rosenbaum–. La historia promete. Seguiré leyendo los siguientes arcos argumentales y luego seguramente les iré contando.
En síntesis: una serie de comics totalmente recomendables. No deben perdérselos.
¡Saludos a todos!

domingo, 19 de octubre de 2014

Universo DC: La Caida de los Dioses (Seis)


6
El Origen de los Dioses, La Muerte de Dios y el Nacimiento de un nuevo Mensajero de la Muerte  

Nuevo Génesis.
Las calles de Supertown, la ciudad flotante, estaban repletas de personas. Cientos y cientos de habitantes de Nuevo Génesis marchando, preparándose para la evacuación.
Desde un balcón, Highfather supervisaba todo atentamente con la mirada. En su rostro, había una visible expresión de tristeza y amargura. Si bien su primer impulso había sido como el de Darkseid (cuya resolución era la de no mover nada ni a nadie de su planeta y resistir lo que viniera), el sabio patriarca razonó que no podía poner a su gente en peligro. Por lo que sabía, si el Espectro no podía detenerlo y Stranger capturarlo, estaba seguro que el asesino vendría a por ellos. No podía permitir que ninguno de sus seres queridos muriera…
-¡Esa no es la actitud que espera un guerrero! – escuchó quejarse a su espalda. Se volvió y vio a Orión con el casco bajo el brazo. A su lado, Lightray le acompañaba – ¡Huir como una rata no es digno de un luchador como yo!
-No tenemos opción – explicó Highfather – El deicida podría estar viniendo hacia aquí…
-¿Y? ¡Más razón para hacerle frente! ¡Movilizaremos a nuestras tropas y en cuanto aparezca, acabaremos con él!
-No.
-¿No?
-No. No haremos nada de eso.
Orión masculló un insulto. Le dio la espalda al anciano y comenzó a colocarse su casco.
-¡Esas no son palabras que alguien como yo espera oír! ¡Si ustedes quieren irse, adelante! ¡Yo voy a enfrentarme con ese enemigo y lo venceré!
Highfather suspiró. La tozudez de Orión era increíble… pero no del todo inesperada.
-Sabía que dirías eso… por lo que me veo obligado a tomar medidas drásticas – el patriarca levantó una mano – Lo siento, Orión. Después, más tarde, podremos discutir si esto fue acertado o no… ahora, lo que más importa es salvaguardar a nuestra gente.
Una leve –pero potente – descarga energética surgió de su palma. Impactó sobre el guerrero, tomándolo por sorpresa, y lo dejó inconsciente en el piso. Lightray miró a Highfather, asombrado.
-Llévalo contigo – le pidió al joven dios – El operativo de evacuación continua.  

***  

El Muro.
El Espectro seguía observando al Black Racer con estupor. Éste le devolvía la mirada con frialdad: una tenebrosa figura de piel negra, embutida en una armadura oscura y capa del mismo color.
Cuando los Nuevos Dioses se alzaron de las cenizas de los antiguos, el Black Racer también se elevó. Era una fuerza elemental capaz de portar la muerte con un simple contacto. Actualmente –y desde hacía muchos años– este singular mensajero del Más Allá estaba unido al alma de Willie Walker, un veterano de la guerra de Vietnam cuyas heridas lo habían dejado paralizado. Según el Espectro recordaba, el Black Racer no era un ser hostil. Muy por el contrario, estaba –como casi todos los Nuevos Dioses– ligado a la Fuente y oficiaba de agente para ella. ¿Qué hacía entonces provocando la muerte de manera brutal e indiscriminada entre los dioses en general?
-Tú… Tú fuiste el que mató a Metrón – dijo al hombre oscuro – ¡Fue tu voz la que se oía en la grabación de la Placa Motriz!
El Black Racer no dijo nada. No respondió. Se limitó a mirarlo en silencio.
De repente y sin previo aviso, unas cadenas de plata surgieron de la nada. Unas cadenas cuyos eslabones eran irrompibles. El sobrenatural cuerpo del Espectro fue envuelto por ellas  e inmovilizado. Por más que se resistió y quiso huir, le fue imposible. Las cadenas estaban, además, selladas con símbolos místicos de poder. Ni siquiera un ser como él podía liberarse.
-De esta forma, ya no podrás cometer una locura, Jim Corrigan – le dijo el arcángel Miguel, plegando sus inmensas alas sobre su espalda.
-¿Locura? – replicó el Espectro - ¿Cómo la que tú estás cometiendo ahora? ¡Tú has mandando al Black Racer a matar a Zeus y a los dioses del Olimpo! ¡Le ordenaste matar a Metrón! – sus ojos volvieron a brillar con fuerza – Miguel… ¡Eres una sucia y miserable sabandija! ¡No tienes perdón! ¡Cuando me libere, te castigaré por tus crímenes!
-¿Crímenes? ¿Crímenes? – el arcángel se indignó - ¿Cómo puedes acusarme de esa forma? ¡Tú, que tienes las manos más manchadas de sangre que cualquiera! Al menos, durante toda mi existencia en la eternidad, yo siempre he cumplido con la Voluntad de Dios. ¡He seguido y apoyado Sus Designios!
-¿Y ahora trabajas por tu cuenta, ordenando muertes a diestra y siniestra, y suplantando la identidad de tu Padre? Muy bonito. ¡Cuando Yahvé se entere, te pateara el trasero por semejantes pecados de aquí derecho al mismo Infierno!
-Dios no hará tal cosa – le retrucó Miguel – De hecho, mi Padre no hará nada de nada.
-¿Qué quieres decir?
-Despierta, Espectro: DIOS HA MUERTO.
Se produjo un pesado silencio. El vengador de ultratumba miró al bello ángel del Señor buscando en sus perfectas facciones algún atisbo de mentira, otra señal que indicaba que continuaba engañándolo. Para su súbito estupor, vio que aquellos ojos celestes no mentían esta vez. Estaba diciendo la verdad.
-Dios se ha ido – continuó diciendo Miguel, con un infinito pesar difícil de disimular en la voz – Ha muerto. Su muerte se llevó consigo el poder de la Fuente, por lo que ésta ya no aporta su energía cósmica a los supuestos “dioses” que pululan por el universo. Y esa es la razón de que su inmortalidad ya no pueda protegerlos más y el toque del Black Racer pueda aniquilarlos.
-No puede ser…
-Pero lo es. Dios ha muerto.
-¿Cómo? ¿Cómo sucedió? ¿Cómo puede ser que el Infinito, que la Presencia, la Voz, el Eterno, Yahvé, haya muerto? ¿¿Cómo??
-No lo sabemos. En realidad, nadie lo sabe. Simplemente, se ha ido. Y su partida ha dejado un terrible caos detrás. Como el primer ángel que Él ha creado, tuve que imponer orden en el Cielo. Hubo tremendas batallas en la Ciudad de Plata y las legiones angélicas han acabado fragmentándose. He tenido que luchar contra otros arcángeles para imponer mi liderazgo allá arriba; incluso, me he enfrentado a Asmodel, uno de los principales Generales del Ejercito Celestial. Todo, en aras de mantener el equilibrio cósmico.
-De modo que, hoy por hoy, tú eres el más poderoso allá arriba – comentó el Espectro, amargamente – “¿Quién como Dios?” ¿No era ese el significado de tu nombre? Felicitaciones, Miguel. El Trono del Cielo es tuyo. Ahora dime cuáles son tus planes.
-Simplemente imponer el orden sobre el caos. Y el universo está sumergido en el caos... Falsos dioses campan a sus anchas por toda la Creación. Eso no está bien. Nunca ha estado bien. Nuestro Padre le restaba importancia al caso y hasta permitió incomprensiblemente tal proliferación de herejes. Ahora que Él no está, no hay razón alguna para permitir que tal cosa siga sucediendo. Es por eso que estoy limpiando el cosmos de aberraciones. De igual forma a como las aguas del Diluvio aniquilaron a los infames Nefilim en la Tierra, de la misma manera pretendo yo acabar con este desastre surgido cuando el llamado “Cuarto Mundo” se separó en dos mitades…
-¿De que hablas?
-Todos esos falsos dioses nacieron cuando ese acontecimiento ocurrió. Ese cataclismo cósmico no solo fue el responsable de la creación de Nuevo Génesis y de Apokolips. Las energías que surgieron de él atravesaron el universo como una onda y cuando pasaron por la Tierra, crearon a una raza de pecadores que se autoproclamaron a sí mismos “dioses” – Miguel hizo una mueca de desprecio - ¡Solo hay un Dios y ese es el Señor! O lo era, cuando estaba entre nosotros. Pero ya lo dice la Biblia: “Porque todos los dioses de los pueblos son dioses que nada valen; pero en cuanto a Yahvé, Él ha hecho los mismísimos cielos”.
-Salmo 96:5. Muy bonito – el Espectro resopló – Ahí te va otro: “No Mataras”. Es de los Diez Mandamientos. ¿Eso significa algo para ti, ángel?
Miguel lo miró con severidad. A un gesto de su mano, las cadenas se tensaron con más fuerza en torno al Espectro, provocándole un inmenso dolor y asfixiándolo.
-Tus insultos y blasfemias están fuera de lugar, espíritu humano – dijo el arcángel – Al no estar mi Padre presente, me debes obediencia y fidelidad…
-¡Olvídalo! ¡Preferiría estar pudriéndome en el Infierno antes que obedecer órdenes de un deicida como tú!
-¿Es que no lo entiendes? – Miguel estalló de ira - ¡Dios se ha ido! ¡Ha muerto! ¡Yo soy lo único que les queda! ¡Mi misión nunca fue más clara! Orden en el caos, esa es mi consigna. Mi accionar está incluso avalado por las Santas Escrituras. ¡Escucha! “Y durante aquel tiempo se pondrá de pie Miguel, el gran príncipe que está plantado a favor de los hijos de tu pueblo” – el arcángel sonrió, triunfal - ¿Lo ves? ¡Ahí está! ¡Daniel 12:1! ¡Para que veas que no miento!
Cerró los ojos un momento. Se serenó de nuevo. Cuando volvió a abrirlos, estaba tranquilo otra vez.
-Orden en el caos – repitió – Esa es mi meta. Por suerte, no estoy solo en ella – miró al Black Racer – El Sargento Walker entiende y comprende mi punto de vista. Por eso aceptó servirme. Sin la Fuente, el pobre de Willie estaba perdido. Sus días iban a terminar siendo yacer en un cuerpo humano comatoso que se iría desgastando poco a poco. Sin la Fuente, su existencia estaba vacía y sin sentido. ¡Yo he llenado ese vacío, ese sinsentido con algo! – Miguel le apoyó una mano en el hombro al Black Racer – Orden en el caos – repitió por tercera vez. El hombre enfundado en la armadura oscura asintió en silencio – Y ahora, Espectro, ha llegado el momento de que tú también sirvas a un propósito más noble y elevado…
-¡Nunca! ¡No te obedeceré!
-No tienes que hacerlo. En realidad, para la fase final del plan, no necesito a Jim Corrigan… tan solo al Espectro.
Miguel recitó palabras de poder. Palabras que sólo el mismo Dios podría haberle enseñado. Al instante, el Espectro estaba aullando de dolor. Una energía brillante lo atravesaba.
Justo en ese momento, el portal dimensional que traía al lugar a Phantom Stranger se abría y con ojos alucinados, el enigmático personaje contemplaba lo que ocurría.
-Como te dije, no necesito el alma de Jim Corrigan – Miguel se cruzó de brazos, observando – Tan sólo necesito a la Ira Divina. El Espectro, el Espíritu de la Venganza. ¡Es a él a quien utilizaré! Mi Padre lo ligó a ti cuando falleciste… ¡Ahora, yo te libro de él para siempre!
El Espectro se separó de Corrigan, volviendo a su forma humana. El debilitado ex detective de policía quedó flotando cerca del Muro, reducido a un mero fantasma sin cuerpo. Muy por el contrario, la encarnación de la Ira Divina se alzó, aumentando de tamaño hasta adquirir dimensiones cósmicas.
-Dios mío… - murmuró Stranger, aterrorizado.
Miguel no perdió el tiempo. Nuevamente, pronunció palabras de poder. En un segundo, el gigante espectral se convirtió en una corriente de energía que descendió hasta el Black Racer, fundiéndose con él…
Hubo un estallido de luz y cuando acabó, un nuevo ser había nacido de aquella unión: EL BLACK SPECTRE.  

FIN DE LA PRIMERA PARTE

ESTA HISTORIA CONTINUARA… 

sábado, 18 de octubre de 2014

Universo DC: La Caida de los Dioses (Cinco)


5
¡El asesino revelado!  

El Muro.
Al borde del universo.
El Espectro volaba al encuentro de la fabulosa pared que separaba a la Creación de lo desconocido. Sus ojos seguían llameando, lo mismo que la ira en su interior crecía más y más a cada momento.
-¡Aquí estoy, maldito asesino! – gritó – ¡Da la cara! ¡He venido a vengar a los que mataste! ¡¡Sal y enfrenta a la Ira Divina!!
El desafío obtuvo una respuesta inmediata e insólita… una que descolgó al Espectro: una carcajada.
-Oh, amigo… Tú sí que eres muy gracioso, ¿sabes? – dijo una voz – Sabía exactamente qué resortes se iban a presionar en tu mente cuando el finado Metrón transmitiera aquellas palabras que le fueron dichas segundos antes de fallecer. ¿Cómo ibas a resistirte a mi llamado? Al fin de cuentas, yo te puse ahí. Por mí llegaste a ser lo que ahora eres.
El Espectro buscó con la mirada al dueño de la voz. No tardó en hallarlo. Estaba parado de brazos cruzados sobre la cabeza de la estatua de un Gigante Prometeo. Cuando lo vio, se quedó helado. Todo el enojo y la furia que sentía se desvanecieron. Estaba total y absolutamente shockeado con aquella visión…
-¡No puede ser! – dijo. Y fue todo lo que pudo decir.
-Sí. Me imagino que esto debe ser todo un impacto para ti – el hombre sonrió, satisfecho – Eso es lo que el poder de la revelación provoca en las almas. Ya lo dicen las Santas Escrituras: “Porque la Palabra de Dios es viva y ejerce poder”. Nunca tuve dudas de ello. ¿Cómo voy a tenerlas? Después de todo, yo dicté ese bendito libro a la Humanidad. Y como yo soy Dios, pues…
El sujeto se encogió de hombros. El Espectro no le podía sacar los ojos de encima. Conocía a ese hombre y vaya que lo conocía bastante. De hecho, se suponía que trabajaba para Él.
-¿Yahvé? – preguntó.
-Hasta donde sé, y si descontamos que estoy corporizado con el aspecto de Morgan Freeman vestido con un caro traje de color blanco, sí. SOY YO 

***  

Apokolips.
Interior de la Fortaleza de Darkseid.
El cruel amo del demoniaco planeta observaba en silencio por una ventana el exterior, cuando su siervo Desaad irrumpió bruscamente en sus aposentos.
-¡Mi señor! ¡Mi señor! – exclamó el lacayo, intentando recuperar el resuello.
-Más te vale que tengas una muy buena razón para interrumpir mi momento de tranquilidad con tus gimoteos, Desaad – Darkseid se volvió y lo miró. Su rostro pétreo no dejaba traslucir ninguna emoción, pero sus ojos rojos brillaban peligrosamente cargados de poder – Habla ya. ¿Qué sucede?
-Amo… ¡Él está aquí! – Desaad intentó guardar la compostura. No pudo – ¡Ha venido personalmente!
Darkseid lo observó en silencio. Luego, su cara gris frunció el ceño.
-¿Dónde está? – preguntó.
-En la Sala de Trono – el lacayo se acordó de ante quién estaba y automáticamente bajó la mirada y agachó los hombros, sumiso – Mi señor, si lo deseas, convocaré ya mismo a todas nuestras tropas. ¡No creo que siquiera alguien como Highfather, por más poderes que tenga, pueda resistir un asalto combinado de toda la guardia de Apokolips!
-No digas estupideces – Darkseid caminó hasta la puerta y salió de la habitación. Ni siquiera se molestó en despedirse de su sirviente. Atravesó un largo pasillo y accedió a la Sala de Trono.
Highfather se hallaba allí parado, esperándolo. Su presencia brillante y lustrosa era un evidente contraste con las penumbras que rodeaban el salón. Por un momento, cuando Darkseid llegó, tanto su rival como él se miraron largamente a los ojos, en silencio.
-¿Qué haces aquí? – preguntó el Oscuro Señor, cruzándose de brazos.
-Me imagino que no ignoras lo que está pasando…
-No juegues conmigo, Highfather. No te burles de mí. Darkseid siempre está al tanto de todo y sabe lo que pasa. Todavía no has respondido a mi pregunta: ¿Qué haces aquí?
-Hay un asesino de dioses suelto – el patriarca de Nuevo Génesis decidió ir directo al grano – Ha eliminado fácilmente a Zeus y a todas las deidades de su panteón. También mató a Metrón…
-Todo eso lo sé – lo interrumpió Darkseid – ¿Y qué?
-Que lo más probables es que venga a por nosotros – Highfather hizo una pausa, serio – Somos los siguientes.
-Que terrible. Entonces, explícame esto: ¿Por qué no estoy asustado?
-¡No seas idiota, Darkseid! ¡Estoy hablando en serio! ¡Este asesino es poderoso! De alguna manera, ha bloqueado a la Fuente. Creo que tú como yo, ya no puedes sentirla…
-En realidad, nunca nos ha hecho falta en Apokolips. A diferencia de ustedes, mis súbditos prefieren confiar en un dios más certero y tangible, en vez de adorar ciegamente a un campo de energía desconocida.
-Pasaré por alto tu blasfemia e iré directamente a lo que me trajo a este triste lugar…
-Por favor. Adelante – se mofó Darkseid.
-Tenemos que irnos.
El cruel amo de Apokolips enarcó una ceja.
-¿Irnos? ¿Adonde?
-A otra parte. Lejos de este plano. Tal vez, a otro universo. Tenemos que poner distancia, evacuar a la población.
-¿Quieres decir, abandonar nuestros planetas de origen?
-Exacto.
-No pienso hacer tamaña cosa – el Oscuro Señor se negó en redondo – Huir es de cobardes. ¡Darkseid no es un cobarde!
-¡Ese asesino vendrá por nosotros! ¡Tarde o temprano! ¡Puede que tú no seas un cobarde, pero tu gente no tendrá la menor oportunidad de sobrevivir a un encuentro con el deicida! Debemos evacuar nuestros planetas.
-Si tu gente y tú deciden finalmente marcharse a otro universo, adelante. ¡Apokolips seguirá donde está!
-¡Eres un necio!
-Y tú, un estúpido. Márchate de aquí, Highfather. Márchate y no vuelvas nunca más a este sitio. De lo contrario, el que te matara seré yo.
El patriarca de Nuevo Génesis le dio la espalda. Seguir insistiendo era una pérdida de tiempo. Un boom-túnel se abrió enfrente de él y el anciano lo cruzó, desapareciendo en el aire. Cuando se hubo ido, Darkseid llamó a Desaad.
-Avisa a nuestras tropas. A todos nuestros soldados – ordenó – Que se alisten y se preparen. Se acerca una guerra… ¡Y Apokolips piensa plantar batalla!  

***  

El Muro.
Un incrédulo Espectro flotaba ahora más cerca de su interlocutor. Yahvé se limitaba a observarlo con una simple sonrisa en los labios.
-No puede ser – dijo el justiciero de ultratumba – No. ¡Tú no eres Dios!
-Espectro… Nos conocemos bastante – replicó el otro – Ya sé que en sí, nunca has visto mi verdadero rostro antes y que mi apariencia actual puede resultar… ah… algo bizarra. Pero ya sabes que no puedo mentir. La misma Biblia lo dice: “Dios no puede mentir”. Te aseguro que soy yo.
-Entonces… tú… ¿Tú eres el deicida? ¿El que cometió todos esos asesinatos? ¡En el nombre de lo más sagrado, dime por qué!
-¿Qué no es obvio? Éxodo 20:3. “No tendrás otros dioses delante de Mí”. Sólo puede haber un Dios. Uno solo. Y ese soy YO.
-No. No. ¡No puedo creer esto! – la ira volvió al Espectro. Sus ojos volvieron a brillar con fuerza – ¡Me niego! Esto… ¡Esto es un vil engaño! ¡Una sucia mentira! ¡Intentas confundirme! – lo señaló – ¡¡Tú no eres Dios!! ¡No eres Yahvé! ¡Tus engaños quedaran al descubierto AHORA!
Dos potentes rayos salieron disparados de sus ojos. Impactaron en el hombre parado tranquilamente sobre la cabeza de la inmensa estatua acoplada al Muro. Un fogonazo lumínico terrible se produjo y cuando el brillo cegador acabó, la figura humana de Yahvé se había disuelto, reemplazada por la de un fornido ángel rubio, vestido con una túnica blanca y unas inmensas alas sobresaliéndole por la espalda.
-¿Quién eres tú? – exigió saber el Espectro.
-“En el Principio la Palabra era, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era un dios. Este estaba en el Principio con Dios. Todas las cosas vinieron a existir por medio de él, y sin él ni siquiera una cosa vino a existir” – recitó el ángel, de la Biblia – El Evangelio según Juan, capitulo uno, versículos uno, dos y tres. ¿Eso te da una pista sobre mi identidad?
-Eres el arcángel Miguel… el primer ángel que Dios creó.
-Exacto. Eres listo, Espectro. Has descubierto mi engaño. Felicitaciones. Ahora que lo sabes, permíteme corregirte un error: yo no soy el asesino que buscas. Sí, trabaja para mí y, de hecho, en estos momentos él nos honra con su presencia aquí… detrás de ti.
El Espectro apenas tuvo tiempo de volverse y ver a la figura flotando a su espalda… instantes antes de que una descarga luminosa chocara contra su pecho y lo tumbara contra el Muro.
-Eso no lo dañara – advirtió la voz del atacante – Él ya está muerto.
-No importa – dijo Miguel, satisfecho – Lo necesitaremos para completar la fase final del plan.
Dolorido, el Espectro se incorporó a medias. Volvió a mirar a la figura de su agresor para confirmar que sus ojos no le estaban jugando una mala pasada. Pero no. Esta vez estaba contemplando la pura verdad…
Junto al poderoso arcángel, se hallaba el verdadero asesino de dioses. Nada más y nada menos que el ser conocido como Black Racer.