sábado, 13 de febrero de 2016

Expedientes X: Combate al Futuro, de Elizabeth Hand


En el subsuelo de un apacible pueblo del norte de Texas, el futuro de la humanidad espera…
Después de cuarenta años, los miembros de una conspiración global saben que finalmente se acercan a la consumación de su siniestro proyecto. Sólo los agentes especiales del FBI Fox Mulder y Dana Scully vislumbran la pesadilla que aguarda al resto del mundo: una invasión alienígena provocada por el más devastador virus de la historia.
Y sólo ellos saben que la verdad ya no está ahí fuera.
Ahora está aquí.
MI OPINION:
Antes de empezar, conviene ponernos en situación espaciotemporal respecto al fenómeno que fueron –y siguen siendo– los X-Files. Corría la década del noventa en el pasado siglo XX y una serie de televisión de ciencia-ficción, terror y drama rompía records en cuanto a ratings en la cadena FOX en USA y en el mundo. Dicha serie eran los Expedientes X, las aventuras –y desventuras– de dos agentes del FBI, Mulder y Scully, mientras investigaban casos con ribetes paranormales de todo tipo. Él era crédulo, ella era escéptica y entre los dos formaban un dúo maravilloso que se complementaba perfectamente y avanzaba con la seguridad de una maquina aceitada…
En 1998, entre la sexta y la séptima temporada –si no me equivoco– salió en los cines la primera película de la saga de X-Files, el desembarco natural de un éxito de la tele en la pantalla grande. Aquella historia ahondaba en el misterio alienígena que el show televisivo solía explorar –y era su principal impulsor–. Con David Duchovny y Gillian Anderson en sus respectivos papeles, la peli tuvo un moderado éxito y sirvió para que la cosa continuase en la misma serie de televisión otra vez, como si de una especie de retroalimentación se tratase.
Inevitablemente, tenía que llegar la novelización del film.
La encargada de haberla hecho fue Elizabeth Hand, quien concibió este libro basándose en guiones de Chris Carter –el creador de la serie–. De esta autora no puedo decir mucho, ya que no le conozco otra obra más, salvo la adaptación del primer episodio de “Millenium”, la serie de TV hermana de X-Files.
Respecto a la novelización en sí misma…
La historia sigue siendo la que vimos en la pantalla grande: Mulder y Scully enfrentados a un nuevo misterio. Uno grande. En el momento en que la acción se inicia, los Expedientes X –la sección de casos extraños que ambos investigaban y archivaban para el FBI– había sido cerrada por sus superiores y los dos agentes tenían que ver cómo lidiar con sus vidas a partir de ese punto. La calma no duraría mucho, rompiéndose cuando un extraño hecho ocurrido en Dallas (Texas) volviera a llamarlos a la acción. Un ancestral plan alienígena para colonizar nuestro mundo estaba en marcha y solo Mulder y Scully podrían frenarlo…
La novelización no es larga y ese es un factor positivo. Con un buen ritmo, Elizabeth Hand nos cuenta la misma historia que vimos en los cines pero desde una perspectiva más íntima, más de cerca de nuestros personajes. Y los elementos que hicieron popular a la serie durante aquellos tiempos están aquí sin falta: el Fumador, los hombres en las sombras, la conspiración, los alienígenas colonizadores, el “aceite negro”, etc. Todo este episodio no sería nada más que la punta del iceberg de lo que luego acabaría convirtiéndose en lo que seguiría hasta el final de la serie en 2002 y la ahora mini-serie de 2016.
Como dato curioso & frikie, debo decir que adquirí mi ejemplar por esas mismas fechas (1998) en Eternia Comics, tienda en la que suelo comprar (o solía) historietas. Se me entregó el libro con un bonito poster de la peli, el cual estuvo colgado durante mucho tiempo en mi habitación hasta que pasó a mejor vida por ciertas roturas que sufrió –cosas que suceden, je–.
EN SINTESIS:
La novelización y todos los libros sobre X-Files, totalmente recomendados. Sin lugar a dudas.
Saludos a todos.  

jueves, 11 de febrero de 2016

El Regreso de los Expedientes X


El 24 de enero de este 2016 que recién comienza, debutó en FOX el primer capítulo de la mini-serie que nos ha traído de regreso las aventuras de Mulder y Scully, los dos hiper-famosos agentes del FBI que tantas alegrías –y sustos– nos dieron allá por la década del noventa y principios de los 2000.
Es innegable que el paso del tiempo se ha sentido en sus dos protagonistas, los actores David Duchovny y Gillian Anderson. Hay que reconocerlo: ambos se ven más viejos. Aunque si bien la edad le sienta –y condenadamente bien– a la Anderson, en cambio lo de Duchovny es otro tema; todavía está medio “durito” retomando un papel que lo consagró y mucho en su momento, el de nuestro querido Fox Mulder.
Edades aparte y años pasados, lo cierto es que a muchos fans de la vieja serie –como yo– nos tocó la veta sensible y melancólica cuando esta nueva andadura de X-Files empezó, con su clásica partitura musical compuesta por Mark Snow. Fue realmente un reencuentro con un universo de ficción que muchos amamos y seguimos fielmente durante los años que duró en emisión el show original.
O más o menos. En mi caso, medio lo abandoné cuando Mulder / Duchovny se retiró del cast y lo reemplazó el insufrible Robert Patrick interpretando al poco digerible John Dogget. Por suerte, luego el bueno de Mulder regresó y –algo es algo– pudo acabar la serie en 2002, con un final un tanto… bien, que dejaba muchísimos cabos sueltos para el futuro.
Futuro que, ahora con la mini-serie, ha llegado.
Hasta ahora, lo que veo me gusta. Hay un nuevo GRAN misterio en puerta y para su resolución, habrá que esperar un poquito. En tanto, nos aderezan la cosa con los clásicos capítulos de relleno que tienen cierto sabor a la vieja serie (el Monstruo de la Semana, los mutantes de turno, el capítulo gracioso, etc).
Los Expedientes X están de regreso. ¡Ojala que no se quede solo en esta mini-serie! Ojala que tengamos más sobre Mulder y Scully actuando en nuestro atribulado mundo actual.
Dicen que la esperanza es lo último que se pierde, así que…
QUIERO CREER! J

lunes, 8 de febrero de 2016

La Tierra Permanece, de George R. Stewart


Cuando Isherwood Williams, un graduado en geografía, vuelve de unas vacaciones descubre que todo el mundo está muerto, víctima de un virus. Va a la deriva, observa la degradación del paisaje, plagas de insectos y roedores, y al regresar a San Francisco, encuentra a una sobreviviente y forman una pareja y tienen hijos que vuelven a la manera de vivir de los nativos americanos, completando un círculo. Ish queda como único testigo al pasado y recuerda que `los hombres van y vienen, pero la Tierra permanece`.
Esta hermosa meditación sobre la ecología, el pasado y la inexorabilidad del cambio, es una de las obras maestras de la ficción especulativa de todos los tiempos.
MI OPINION:
Esta es una hermosísima novela que tuve el placer de leer allá por el año 2005, que es cuando me la compré. Ahora, tanto tiempo después, he decidido abordar su lectura otra vez, reencontrándome con una historia muy buena a la par que también muy triste…
El protagonista es Isherwood Williams, quien por esas cuestiones del azar (o quizás, no tanto) se halla vacacionando entre las montañas cuando se desata una pandemia de proporciones bíblicas. Un virus extraño y desconocido acaba a la práctica con casi toda la población del mundo, dejando a la Tierra deshabitada de nosotros y a la naturaleza libre para actuar a sus anchas. Es así como en el transcurso de varias décadas, el mundo va volviendo paulatinamente a un estado salvaje, pareciéndose más y más a un inmenso jardín o jungla donde animales y plantas proliferan sin control –y sin amenazas–.
Entre este panorama desolador –para lo que fuéramos nosotros, los humanos– Ish se erige como líder de una comunidad de sobrevivientes que se ubican cerca de las ruinas de la antigua orgullosa ciudad de San Francisco. La novela trata del día a día de estas sencillas personas y sobre las dudas, temores, sueños y esperanzas de Ish sobre el futuro y el renacer –posible de la civilización humana.
Es –como ya he dicho– una novela muy buena, pero también es muy triste; el Fin del Mundo propuesto por el autor es realmente el fin de la civilización, ya que pese a todo el desastre –llamado en la novela, justamente, El Gran Desastre– como reza el dicho “los hombres pasan /  pero la Tierra permanece” .
Como datos negativos o contras, este libro tiene cierta ingenuidad en algunos de sus planteamientos. Por ejemplo, cuando Ish se da cuenta de lo sucedido, el grueso del desastre ya ha pasado. Estando en las montañas, el protagonista se ha perdido el colapso de la civilización por culpa del virus, un virus de origen incierto –hoy en día, bien podría haber sido fabricado en laboratorios por terroristas para la guerra biológica– y al arribar a las ciudades, se encuentra con carreteras desiertas y totalmente transitables y ausencia de cadáveres. Realmente, de ocurrir un ataque vírico como el planteado por la novela, con la agresividad del susodicho patógeno, las calles y avenidas deberían desbordar de vehículos chocados y abandonados y estar llena a reventar de cuerpos en descomposición. No ocurre aquí; para suerte de Ish y su gente, parece que el grueso de la población mundial o bien escapo a alguna parte para morir lejos o bien se encerró en hospitales hacinados. Como sea, es un error que se subsana con lo interesante de la historia…
Para muchos podría resultar aburrido el día de día de una comunidad de gente simple que vive en un mundo post-apocalíptico donde no hay ni zombis ni mutantes. Nada más lejos de la realidad. La Tribu –así se bautizan ellos– tiene momentos tensos que interrumpen su aparente calma, como por ejemplo la aparición de otros sobrevivientes, gente tan diferente y ajena a ellos que pueden poner en peligro a su pequeña comunidad.
Otro dato negativo que mencionaré es el tratamiento que el autor da al personaje de Evie, una chica con problemas mentales –a la que califica lisa y llanamente, en palabras de Isherwood, como una “idiota”– que se une a la gran familia de supervivientes del Apocalipsis. Me dio vergüenza y hasta cierta bronca la segregación a una muchacha tan bonita cuyo único pecado en vistas del autor y de su personaje principal parece ser deficiente mental. ¡Que pobre que un escritor piense eso de gente que padece esta problemática! Sin duda, el Sr. George R. Stewart podría escudarse diciendo que él no piensa realmente eso y que en realidad “es Isherwood, mi personaje, el que lo dice y lo siente”. Es una excusa muy pobre, me temo. La primera vez que leí la novela, también consideré injusto el tratamiento a Evie… lo mismo me pasó en esta ocasión, por lo que aprovecho esta reseña & opinión para repudiar todo destrato, segregación y lo que se parezca a la gente que padece problemáticas de salud mental.
Tengo una madre que trabaja en el área de la salud mental, así que –justamente– sé del tema y no estoy tocando de oído, como suele decirse.
EN SINTESIS:
Es una novela excelente que gustara a casi todo el mundo, en especial a aquellos lectores ecologistas. No hay guerras nucleares aquí, no hay zombis, mutantes ni extraterrestres. Solo un virus que acaba con casi todos nosotros y perdona la vida a la naturaleza, permitiéndoles a los animales y las plantas renacer con la fuerza que se merecen.
Saludos a todos.  

Viaje al Planeta de los Simios (Epilogo)



EPILOGO UNO  

LONDRES. INGLATERRA.
ENERO DE 1900.

El reloj volvió a sonar en la casa de Wells, dando doce campanadas. Era medianoche y afuera, Londres dormía bajo una fría tormenta de nieve, aprestándose a la nueva jornada laboral que comenzaría cuando el sol volviese asomarse en el horizonte.

Philby suspiró. Se levantó de su asiento y se pasó una mano por el rostro, mirando al exterior por una ventana.

-Dios mío, George… Creo que sería un buen momento para tomar algo. No sé… ¿Licor? ¿Brandy? De veras, necesito un trago.

Wells asintió. Se levantó de su sillón y le sirvió a su amigo una copa de oporto. Philby la apuró de un trago. Temblaba.

-¿Y ahora? ¿Cómo sigue esto? – preguntó.

-Lo he meditado bastante antes de que llegases – le confesó George, acariciándose la barba – Y mí única conclusión es esta: debo destruir mi máquina.

-¿Eh? ¿Destruir la maquina? ¿Pero por qué?

-Es lógico, Philby. Es la causa de todo este mal. Un mal que se extiende a través del tiempo, hacia el futuro. Para cambiar ese oscuro mundo, ese temible porvenir, la maquina debe ser destruida. Inmediatamente.

Silencio. Philby miró a su amigo. Vio resolución en su demacrado rostro.

Sin más, George se encaminó a su laboratorio. Philby le siguió. Allí, iluminada bajo lámparas de gas, estaba la máquina, una construcción tan terrible como maravillosa.

Wells alargó una mano y jaló la palanca, sin sentarse en ella. La máquina vibró, pareció girar sobre sí misma y se desvaneció en el aire, sin dejar rastros de su existencia.

-¿Qué has hecho, George? – inquirió Philby, asombrado – ¿Adónde la mandaste?

-A un viaje sin fin al pasado. Puesto que nadie va a bordo para jalar la palanca y detenerla, viajara eternamente, hasta el inicio del tiempo, donde quizás las titánicas energías que crearon nuestro universo la harán pedazos. Eso, suponiendo que tales energías existiesen. De otra forma, simplemente seguirá marchando indefinidamente, sin volver jamás…

Silencio de nuevo. Philby observó que Wells parecía un tanto más aliviado.

-¿Y tú crees que con esto, has cambiado el futuro, George? – le preguntó.

-Estoy seguro. Pero más que por este accionar, lo estoy por otra razón, amigo. ¿Recuerdas lo que Vox 114 dijo sobre mí cuando se lo pregunté en el 2030? Dijo que, hasta 1900, no había más datos sobre mí. Que yo desaparecí misteriosamente en este año. Ahora que he regresado y que la maquina no está más y no tengo posibilidad de recuperarla, la historia irremediablemente va a cambiar.

-Válgame Dios. ¡Es cierto!

-¿Lo ves? Esto nos demuestra que nada, absolutamente nada está escrito en piedra. El futuro ya es otro, aunque no lo veamos, Philby. Respecto a mí, a partir de mañana, amigo mío, voy a comenzar la vida que realmente debería tener.
 

Los dos volvieron a la casa. Wells ayudó a su amigo a ponerse su abrigo y su sombrero. Ambos se despidieron en la puerta de la vivienda, mientras el cochero aguardaba con los caballos listos.

-Entonces, George… ¿Dejaras las ciencias? ¿Vas a dedicarte a otra cosa?

-Sí. Creo que sí. Voy a tratar de seguir mi otra pasión: la escritura.[1]

Philby sonrió. Ambos se estrecharon las manos con fuerza.

-…Y tal vez, consiga novia y me case. Ya basta de esta vida solitaria para mí. Estuvo bien mientras duró, pero se terminó.

-Eh… un consejito al respecto, George…

-Dime.

-Ya sabes que esto no te lo diría si no fuéramos amigos de verdad…

-¿De qué se trata, David?

-Si estás pensando en conquistar a alguna dama que se precie como tal, mejor córtate el cabello. Ah, y aféitate esa barba, ¿quieres? Dudo que con esa facha, consigas algo.

Wells rió. Philby se tocó el sombrero, subió al carruaje y se marchó.

George lo observó alejarse con melancolía. Luego, volvió al interior de la casa y cerró la puerta.
 

EPILOGO DOS  

NORTEAMERICA.
3955.

Taylor y Nova cabalgaban sobre su caballo por las costas adyacentes de la “Zona Prohibida”, dejando atrás a sus amigos Cornelius y Zira, y a su enemigo, el pérfido orangután Zaius. El astronauta –cuya nave se estrelló hace poco en aquél extraño planeta– iba preguntándose cómo podían su compañera y él continuar con sus vidas ahora que eran fugitivos de los simios que gobernaban ese mundo, cuando de repente divisó algo llamativo al frente. Algo sumamente familiar para él –demasiado– y totalmente incongruente con todo lo que había visto y creía…

-No… No puede ser – Taylor desmontó del caballo y se acercó para mirar. No había duda alguna; sus ojos no le estaban jugando una mala pasada.
 

Allí, semi-enterrado en la playa, se alzaba el torso superior oxidado de la Estatua de la Libertad.
 

Taylor se desplomó en la arena, abatido.

-¡Malditos sean! ¡Malditos sean todos! – gritó, comprendiendo la cruda verdad: aquello era la Tierra en el futuro, no otro planeta como había creído – ¡Lo hicieron! ¡Finalmente, lo hicieron! ¡Nos destruyeron a todos! ¡¡Malditos sean!!
 

¿FIN?

 

NOTA FINAL DEL AUTOR  

Esta historia acababa originalmente con el epilogo uno. Un final muy acorde a como acababa la película de “La Máquina del Tiempo” de 1960, ahora con el viajero del tiempo cerrando la puerta de su casa y despidiendo a su amigo Philby. Un preludio a la vida normal y sin sobresaltos extraños que se propone abordar.

Pero luego de haber escrito “ese” final, me arrepentí y comprendí que la saga de “El Planeta de los Simios” es –esencialmente– pesimista. Así que elegí incluir el epilogo dos, con el cual quiero dar a entender que, muy posiblemente, no importa cuántos esfuerzos podamos hacer para cambiar las cosas: el futuro bien podría estar predestinado de antemano por poderes superiores, cuyas últimas intenciones desconocemos.

De este modo, ambos finales están allí. El final “optimista”, con George creyendo que con su accionar evitará el oscuro mundo del futuro donde el simio suplantará al hombre y el “pesimista”, donde Taylor descubre que ese mundo oscuro está ahí y es imposible evitarlo –aunque las causas que llevaron a él podrían ser distintas a la original–.  


[1] Guiño personal al autor original de la novela “La Máquina del Tiempo”, H.G.Wells.
 

domingo, 7 de febrero de 2016

Viaje al Planeta de los Simios 12


DOCE  

Oscuridad. Todo era oscuridad a mi alrededor, Philby. Los años iban pasando velozmente allá afuera mientras que en mi máquina, el tiempo marchaba a ritmo normal.

Me desplomé en el asiento abatido, cansado, agotado. Tanto física como espiritualmente estaba quebrado, roto. La muerte de Mara, la pobre Mara… había sido mucho para mí. Demasiado.

De modo que permanecí allí, sentado, inmóvil y sin hacer nada mientras la maquina avanzaba hacia la eternidad. ¿Honestamente? No puedo precisar cuánto tiempo estuve así, Philby. Al dolor de la perdida de Mara se sumaba el impactante conocimiento de saber que la vida en la Tierra –cualquier tipo de vida– había terminado.

Haya sido una catástrofe natural, la mano del hombre o del simio, el mundo se había terminado. Ahora, solo reinaba la oscuridad. Solo gobernaba el silencio.

Así que allí me quedé… y allí adquirí el particular aspecto que ves ante tus ojos, amigo mío. La barba me creció, lo mismo que el cabello. Me importaba muy poco la estética… me importaba muy poco todo ya. Suponía que mi viaje duraría toda la eternidad hasta que mi cuerpo se gastara y yo muriese. Y aun así, la maquina seguiría viajando y viajando, hasta el final del tiempo, si eso fuera posible.

Pero por suerte, reaccioné. Salí de mi sopor, de mi estado casi catatónico y simplemente, atiné a jalar la palanca…
 

La máquina se detuvo. La fecha era el año 635.427.810. Un frío terrible atenazó mi cuerpo. Observando a mí alrededor, vi que me hallaba sobre un valle silencioso y helado, lleno de nieve. Era de noche y en la lejanía, escarpadas montañas dominaban un paisaje triste y desolado.

El invierno había llegado. El mundo parecía vivir una eterna era glacial.

Mi viaje había terminado.

Con el corazón igual de frío que el del paisaje que me rodeaba, bajé de la máquina. Tiritando, aguardé a la salida del sol para decidir qué iba a ser de mí. Qué pasos seguiría.

Esperé durante horas.

El sol no salió.
 

Temblando terriblemente, comprendí que el sol no iba a aparecer nunca más. Ignoraba la causa de su falta y no me importaba. Lo único que quería era un sitio más cálido, mejor. Y el único que se me ocurría con estas características era nuestro mundo, Philby, nuestra época.

No tuve que pensarlo mucho, la verdad.

Subí de nuevo a la máquina, la reactivé e hice el largo viaje a la inversa. Gracias a las modificaciones que Drax le hizo, pude utilizarla para desplazarme por el espacio y así retornar al lugar exacto de donde partí: el interior de mi laboratorio.
 
El año era 1900. Habían pasado tres noches desde que nos viéramos, amigo mío. Estaba en casa y tenía que contarle esta historia a alguien. Por eso, te mandé a llamar. Porque de todos, tú eres el único que podía creerme…