martes, 2 de septiembre de 2014

Superboy: La Ultima Crisis (Dos)


Capítulo 2
Más tarde.
Centro de Metrópolis.
A Alexis le gustaba la buena vida. Los lujos, el dinero y las compras eran para ella un auténtico pasatiempo, una delicia.
A lo mejor, por provenir de un mundo y un tiempo en que la Familia Luthor había perdido todo el prestigio y la gloria, por eso ella pasaba la mayor parte de sus horas en los centros comerciales y las tiendas de ropa, reventando prácticamente la tarjeta de crédito de su "primo" Lex. Cuando llegó a "Tierra-35" supo que no se había equivocado. Su elección fue la correcta. En aquel mundo, un apellido como el suyo tenía grandes posibilidades. Ser un Luthor allí no era sinónimo de vergüenza y oprobio, más bien todo lo contrario.
Además, la contrapartida de su ancestro en esta Tierra se veía realmente sexy. Otra persona con más escrúpulos tal vez habría evitado relacionarse sentimentalmente con él, pero ella no. Okey, en verdad no estaba "enamorada" de Lex, no en el sentido práctico y romántico de la palabra. No es que hubiera peligro alguno al yacer con él en la misma cama. Como se ha aclarado con anterioridad, el joven calvo no era su verdadero antepasado. Por ese lado, Alexis estaba tranquila totalmente.
No. No amaba a Lex… pero sí amaba su fortuna, su prestigio, su poder. Amaba lo que él representaba allí para sus congéneres. Como se ha dicho, apellidarse Luthor en "Tierra-35" era todo un privilegio.
-¿Efectivo o tarjeta? – le preguntó la cajera de los grandes almacenes de ropa al pararse Alexis delante de ella con un montón de bolsas cargadas con la compra.
-¿Tú que crees? – ella sonrió y abriendo su cartera, le alcanzó una tarjeta de crédito.
-Disculpe, señorita –le dijo un chico pecoso y con unas gruesas gafas sobre su rostro – De casualidad, ¿es usted pariente de Lex Luthor?
Bajándose los lentes de sol que llevaba puestos, la chica lo miró de arriba abajo. "¡Dios!", pensó, "¿De dónde salió este sapo?"
-Depende – respondió – ¿Quién desea saberlo?
-Mi… mi nombre es Kenny Braverman y soy… soy presidente de su Fans Club – tartamudeó el muchacho.[1]
Alexis se lo quedó mirando con la boca abierta.
-¿Bromeas? – le dijo – ¿Me estás tomando el pelo, verdad?
-¡No! No, no… De verdad, soy el presidente de su Club de Fans – el nerd se acomodó las gafas. Hizo un esfuerzo más que considerable para no temblar y mirar a aquella bella chica a los ojos.
Alexis sonrió. Era una sonrisa de auténtico deleite.
-Pues sucede que estás de suerte: soy su prima.
-¿De veras?
-Claro que sí. ¿Cómo dijiste que te llamabas?
-¿Yo? Uh… Kenny…
-¡Kenny! Qué lindo nombre. Hace juego contigo, guapo.
El chico comenzó a sudar. Alexis, sabedora de la explosión hormonal que estaba provocando en el otro, lo disfrutaba. En el fondo, aquel adolescente con problemas de acné y gafas con lentes como culos de botella le seguía pareciendo espantoso. Ni siquiera tenía gusto por la moda al vestirse, que horror. Se parecía a uno de esos idiotas que salían por la tele, del programa "The Big Bang Theory", del Warner Channel. Pero lo que sí la fascinaba era ejercer control sobre otros, influenciar, tener poder. Ser la que daba las órdenes.
Y ahora, esto. Un Club de Fans de la Familia Luthor.
Realmente, aquella otra Tierra estaba siendo muy provechosa para ella.
-Te diré qué, Ken… ¿Puedo llamarte "Ken", verdad?
-¡Oh! ¡Desde luego, desde luego! ¡Ningún problema!
-Te diré, Ken: ayúdame a llevar estas pesadas bolsas a la limusina y tal vez como premio por la admiración que le profesas a mi primo y me imagino que a sus ideales también, daremos una vuelta por Metrópolis en ella. ¿Qué te parece?
-¡Cool! Es decir… ¡Si, claro! – Kenny sentía que tocaba el Cielo con las manos. Le latía el corazón con fuerza.
-Okey. Entonces, ¡vamos!
Alexis lo dejó cargar las bolsas. Tambaleándose por el peso, el chico la siguió hasta el auto como un cervatillo embobado.
-Por cierto, Ken – dijo ella – ¿Cuántos años tienes?
-18 – contestó él – ¿Por qué?
Alexis esperó a que él metiera todas las bolsas en el maletero y se sentara a su lado en la parte trasera de la limusina antes de responderle.
-Mi cuento favorito cuando niña era ese de un príncipe que se convertía en sapo por culpa de una maldición, y que luego de que una bella princesa lo besaba, acababa recuperando su forma – la chica le quitó las gafas. Kenny temblaba y sudaba a la vez en partes iguales, totalmente petrificado de la emoción – Ya soy grande. No creo en príncipes azules, a decir verdad… pero no veo nada de malo en besar de tanto en tanto a un que otro sapo.
Y para demostrarle la veracidad de sus palabras, lo besó en la boca.
-Dime una cosa, Kenny – dijo, tras separarse de él. El muchacho se había puesto rojo como un tomate. La miraba obnubilado, con ojos como los de una gacela – Y, por favor, sé franco conmigo. ¿Está bien?
-Claro… claro…
-¿Todavía eres virgen?
La pregunta lo tomó por sorpresa.
-¿Qué?
-Que si aún eres virgen.
-Bien… este… yo… hum… eh…
-La verdad. Quiero la verdad – volvió a pedirle ella. Lo miró muy seria.
-Pues… sí – murmuró él, avergonzado.
Alexis sonrió de oreja a oreja. "No me extraña", pensó, "Me lo esperaba".
Alargando una mano, la muchacha presionó un botón. Un panel se deslizó y los ocultó de la indiscreta vista del chofer, quien acostumbrado como estaba a las excentricidades (y atrocidades) de los ricos, no dijo nada, limitándose a cumplir con su trabajo y manejar el coche.
-No te preocupes, Kenny – Alexis comenzó a desvestirse – No es nada que no tenga remedio. Ya sabes cómo es ese dicho popular: "Siempre hay una primera vez para todo en esta vida".

[1] El lector habitual de comics de Superman reconocerá a Kenny Braverman. Solía ser el supervillano "Conducto", un tipo malsanamente obsesionado con Clark. Aquí, en Tierra-35, no pasa de ser meramente un simple nerd. Cosas de los mundos alternos, supongo, je.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Superboy: La Ultima Crisis (Uno)


Parte Uno
(Escrito por Federico H. Bravo)

Prologo
Un hombre de raza negra vestido con un elegante traje blanco se ufanaba sentado delante de una vieja máquina de escribir Olivetti. Llevaba un par de gafas de lectura y cuando se percató de nuestra presencia en la habitación, levantó la mirada de la hoja de papel y nos dedicó una amplia sonrisa.
-Bienvenidos – saludó – ¿Cómo están? Espero que bien – se sacó las gafas y las dejó sobre la mesa. Acto seguido, se levantó de su silla y se paró – Soy Dios, y antes de que me lo pregunten, sí, me parezco a Morgan Freeman. ¿Por qué? Pues porque es mi actor favorito, por eso. Nada más.[1]
Con su eterna sonrisa en los labios, Dios se alejó del escritorio, dirigiéndose al centro de la estancia.
-Antes que nada y, sobre todo, antes de que esta gran aventura realmente comience, déjenme hacer un somero repaso a la historia del Multiverso – dijo, mientras unas imágenes comenzaron a cobrar forma en el aire – Básicamente, esta breve y apasionante introducción es para que ninguno de ustedes se pierda durante los hechos prontos a comenzar. De modo que… ¿Qué les parece si empezamos por mi parte favorita? ¿Okey? Bueno, ahí vamos. Empecemos por el principio…
La luz desapareció súbitamente de la estancia. Dios no podía verse, pero su voz seguía oyéndose fuerte, clara y profunda.
-En el Principio, había solo una oscuridad infinita. Un frio y una negrura tan vastos que hacían imperceptible a la luz.
Un pequeño y efímero foco luminoso cobró forma en medio de las tinieblas. Era igual a la tenue llama de una vela. Dios prosiguió con su relato:
-Pero sucedió que la luz creció y el infinito se estremeció… y la oscuridad pareció dar un grito, tanto de dolor como de alivio. Pues en ese preciso momento nació el Multiverso.
El foco aumentó su tamaño. Explotó, en una exhibición de titánicas energías liberadas. Tiempo y espacio habían nacido, junto con la materia. Dios siguió hablando.
-Era un Multiverso de mundos vibrantes e idénticos… un Multiverso que se convirtió en muchos.
Una imagen impresionante tomó forma: una serie de planetas Tierra, uno colocado al lado del otro pero separado en realidad por diferentes ondas vibratorias.
-Lo lamento. No estoy siendo justo con todos ustedes – se disculpó Dios. La imagen de las múltiples Tierras desapareció. El Señor volvió a dejarse ver otra vez. Fue como si un foco de luz teatral se encendiese y lo alumbrara desde arriba del escenario – Así no empezaron realmente las cosas. Es decir; sí, yo inventé el universo, pero cuando lo hice era uno solo, no muchos. La explicación de por qué uno se volvió muchos se encuentra aproximadamente diez mil millones de años después de lo que ustedes llaman actualmente "El Big Bang" y yo llamo modestamente "El Génesis". Por ese entonces, la Tierra sólo era un conjunto de gases que francamente no mostraba las posibilidades que algún día ofrecería. No. Todo esto empezó en otro lugar… en el planeta Oa. Un mundo de inmortales… y de esperanzas ilimitadas.
Dios desapareció. Ahora, una imagen del planeta Oa lo reemplazó.
-Los Oanos eran como dioses – explicó – Su civilización fue gloriosa. Vivieron en paz, sin guerras, por más años de los que pueden recordar. Poseían poderes mentales imposibles de soñar siquiera… poderes que cultivaron e incrementaron fuera de lo posible.
"Los Oanos vivían en un paraíso. Sus mentes y cuerpos eran perfectos. En ese mundo, se podía esperar una baja en el desarrollo continuo. Pero ese no fue el caso de estos singulares seres. Siempre buscaron mejorar sus mentes y espíritus. Criaturas así hacen que realmente me sienta orgulloso de haber creado el universo…"
"Su ciencia no tenía igual… pero lamentablemente, había quienes usaban su poder para beneficio personal. Tal es el caso de este infame personaje…"
La imagen de Oa cambió. Ahora podían verse a un grupo de figuras reunidas en torno a un enorme monitor de computadora. Seres de piel azul, que increpaban a otro alienígena de su misma raza por una transgresión imperdonable que estaba a punto de cometer.
-Su nombre era Krona. Creía que el fin justificaba los medios – Dios suspiró – Su mayor anhelo era saber el origen del universo. Para ello, creó esta máquina que ven aquí, este visor espaciotemporal llamado "Cronomaster". Pese a las suplicas y advertencias de sus hermanos de que no continuara con sus experimentos, ya que lo que pretendía hacer era un pecado mortal, Krona se mofó de ellos y activó su máquina… desatando con ello el desastre.
El Cronomaster se encendió. Una imagen no tardó en formarse en su pantalla, con una nitidez asombrosa: una mano gigante, sosteniendo un torbellino de energía en su palma.
-Sé lo que se están preguntando en este momento: ¿Qué vio Krona exactamente? – dijo Dios – ¿Era la titánica mano cósmica mi mano? Creo que ya saben la respuesta: sí, y por más increíble que vaya a sonarles lo que voy a decirles, créanme: que esto pasara no estaba en mis planes. Absolutamente para nada…
"¿Qué pasó cuando Krona y sus compañeros Oanos vieron mi mano en el Inicio del Tiempo? Parte de la energía cósmica que yo manipulaba atravesó el vacío quántico y destruyó su máquina. Al explotar el Cronomaster, algo sucedió… algo inesperado…"
"El universo se estremeció y se duplicó una y otra y otra vez. Lo que era uno, acabó siendo muchos. La Tierra y todos los planetas quedaron duplicados… y más que eso. En ese momento se formó el maligno Universo de Antimateria."
Una serie de imágenes del hecho narrado desfilaron. Cuando acabaron de pasar, Dios volvió a mostrarse una vez más. Se hallaba sentando a los pies de una escalera.
-Krona fue castigado por sus compañeros por el gran mal cometido. Luego estos, sumidos en la culpa, se convirtieron en los Guardianes del Universo. Crearían a los Manhunters primero y más tarde al Cuerpo de Linternas Verdes. Creo que ya todos conocen esa parte de la historia, así que la obviaremos para pasar a lo más importante. ¿Bien? Okey, sigamos…
Dios hizo una pausa. Se aclaró la garganta.
-En el Universo de Antimateria, una criatura surgió. Una parodia blasfema de la Humanidad. Un ser oscuro y maligno. Su nombre era ANTIMONITOR. Pero entonces, como en protesta al desigual balance de fuerzas, en el Multiverso de materia positiva su duplicado también nació. Se llamaba MONITOR.
Dios señaló hacia un rincón. Dos figuras cobraron forma, paradas una delante de la otra, enfrentadas: un alienígena de piel rosada vestido con un traje futurístico y otro extraterrestre diferente, enfundado en una imponente armadura de metal.
-Monitor y Antimonitor se enfrentaron en una feroz guerra cósmica – Dios caminó entre los dos aliens, con las manos metidas dentro de los bolsillos de su pantalón – Como resultado de un ataque simultaneo, ambos quedaron inconscientes, en suspensión animada por más de nueve mil millones de años. Y así hubieran seguido, de no haber sido por otra imprudencia, cometida esta vez por la mano del hombre…
"Un científico –quien luego sería conocido con el nombre de "Paria"– cometió el mismo pecado que Krona. También quiso ver el origen del universo y como resultado de su imprudencia, su mundo fue destruido. Pero hubo más: Antimonitor despertó de su "coma" y comprendió que con la muerte de cada universo que componía el Multiverso, su poder aumentaría mucho más. Fue así que desató violentas olas de antimateria que borraron incontables realidades de la existencia. Millones, billones murieron. Perecieron en un holocausto que ni yo hubiera imaginado jamás para ser viviente alguno."
Dios se plantó delante del Antimonitor. Lo miró con severidad. Luego le dio la espalda y se volvió hacia su hermano. Sus ojos al contemplar a Monitor reflejaron benevolencia.
-Por suerte, Monitor también despertó. Sabiendo lo que su contrapartida oscura había hecho, decidió proteger al Multiverso de su ataque. Con la ayuda de su asistente, una bella muchacha llamada "Harbinger", se dedicó a juntar a un ejército poderoso de superhéroes. Pese a que luego Monitor murió, Harbinger, Paria, Lady Quark de Tierra-6 y Alexander Luthor (hijo del Lex Luthor de Tierra-3) continuaron con su legado y junto a los héroes lucharían contra el Antimonitor, venciéndole y logrando reestablecer el universo a su condición original. Y así, lo que fue muchos volvió a ser uno…[2]
***

De nuevo, todo era como al inicio del relato: oscuridad.
-En el Inicio, había un vasto vacío multiversal – recitó Dios, su voz sonando en off – Frío y oscuro por muchísimo tiempo. Tal era la negrura y tanta, que incluso la luz ardiente era imperceptible. Y de la oscuridad, surgió un grito tanto de dolor como de alivio… pues en ese instante, nació un universo.
La imagen de la oscuridad dio paso a la de un gran estallido. Luego, a la de un solitario planeta Tierra que giraba en el espacio salpicado de estrellas.
-Un universo con mundos poderosos que orbitaban soles. Un universo renacido al Inicio del Tiempo. Como dije, lo que antes fueron muchos, ahora era uno.
La visión de la Tierra desapareció. Otra vez Dios volvió a ocupar el centro de la escena, iluminado por un invisible reflector desde el techo. Miraba al frente, hacia nosotros, con las manos entrelazadas y el semblante sereno.
-…Y así se mantuvo por varios años. Un solo universo, una sola continuidad. Todo de acuerdo a mi plan original. La Creación siguió su rumbo, con sus más y sus menos… hasta que llegó otra crisis…
Dios fue suplantado por una serie de flashes de los acontecimientos llamados "Crisis Infinita". Mientras estas imágenes desfilaban continuó hablando, narrando lo sucedido.
-Alexander Luthor –el hijo del Luthor de Tierra-3– sucumbió a su lado oscuro y en sus ansias desmedidas de poder, intentó recrear el cosmos. Su accionar totalmente imprudente acabó restaurando el Multiverso. Todo se debió a que la energía que Alexander manipuló era tanta y demasiada, que un solo universo no podía contenerla. Por eso, en un desesperado acto de "preservación cósmica" permití que el universo que ya existía se multiplicara en copias iguales. Al inicio, eran solo 52 versiones de la realidad existente, pero luego surgieron espontáneamente al menos dos más.[3]
Los flashes de la "Crisis Infinita" acabaron. Dios se hallaba ahora contemplando una panorámica de 54 planetas Tierra, uno al lado del otro, por un gran ventanal que daba al espacio exterior.
-Con esta situación instaurada, un enemigo poderoso entró en escena. Se hacía llamar el "Señor del Tiempo". Esta entidad misteriosa viajó por el nuevo Multiverso metiendo sus manos y "comiéndose" parte de la historia de las diferentes Tierras. Sus malévolas intenciones fueron detenidas cuando los miembros de la Quintaesencia (un grupo de poderosos inmortales cósmicos, compuesto por Phantom Stranger, el mago Shazam, Ganthet, Zeus y Highfather de Nuevo Génesis) le hicieron frente. El Multiverso se salvó, pero los trozos de historia que el Señor del Tiempo robó a cada mundo cambiaron a cada nueva Tierra, creando entre ellas diferencias que van desde sutiles nimiedades hasta alteraciones complejas de eventos importantes.[4]
Dios estiró una mano por la ventana. Tomó con extremo cuidado a la última Tierra de la lista. El globo azul pareció brillar sostenido sobre su palma. El Creador lo colocó sobre el escritorio como si fuera un vulgar pisapapeles.
-Este mundo se llama "Tierra-54". Por supuesto, como en casi todas las otras Tierras, cuenta con un nutrido grupo de superhéroes que lo defienden, siendo Superman el más grande de todos ellos. Sin embargo, uno de los protagonistas de esta historia si bien no es el Hombre de Acero, sí le debe gran parte de su existencia. El chico tiene entre 20 y 21 años de edad. Se llama Conner Kent, pero es más conocido como SUPERBOY. Viene del futuro (siglo 30) y tras los pasos de Alexis Luthor (tátara-tátara-nieta de Lex Luthor) se perdió primero en el pasado de su Tierra y luego en un mundo diferente y ajeno al Multiverso. Recientemente, con la ayuda de Metrón de Nuevo Génesis, ha recuperado el rumbo. Su archienemiga le espera, pero no está sola. Una alianza de villanos temibles va a tener lugar y el chico va a tenerse que medir con cosas nunca vistas anteriormente. Pero no estará solo, ya que él también va a rodearse de amigos poderosos.
Dios calló. Una amplísima sonrisa se dibujó en su rostro.
-Bienvenidos, amados lectores y lectoras – nos dijo, mirándonos – Bienvenidos a la ULTIMA CRISIS.
Capítulo 1
Tierra-35. Mansión Luthor.
Temprano por la mañana.
Lex Luthor despertó. Todavía amodorrado y bastante cansado por la lujuriosa noche vivida, el joven y calvo empresario se limitó tan solo a mirar el techo de su habitación. Incluso, cuando su compañera de cama también despertó y se removió a su lado, arrebujándose con sus cobertores, tampoco dijo nada. Simplemente se dedicó a mirar hacia el techo, intentando incluso no pensar en nada en particular.
-¿Qué hora es? – le preguntó ella.
-Casi las nueve de la mañana – le respondió él, echándole un breve vistazo al reloj sobre la mesita de luz ubicada a su izquierda.
-Las nueve – la chica resopló. Por un largo, largo rato, eso fue todo. Volvió a hacerse el silencio entre los dos. Finalmente, ella se incorporó. Se sentó sobre la cama, manoteó un paquete de cigarrillos, tomó uno y lo encendió. Le ofreció otro a Lex. Él negó.
-No fumo. Creo que a estas alturas, deberías saberlo, querida – replicó – No me meto porquerías en el cuerpo.
Ella rió. Continuó fumando en silencio hasta que no pudo permanecer mucho más tiempo muda. A Lex no le extrañó; ella nunca aguantaba muda durante más de un par de segundos. Era perfecta, pero a la vez sólo tenía un pequeño gran defecto –a juicio de él– y era que no se podía mantener callada. Invariablemente, siempre (siempre) tenía algo para decir. Y esa vez no fue la excepción…
-Me imagino que no te habrá agarrado la culpa, ¿verdad? – preguntó.
-Culpa. ¿A estas alturas de mi vida? – Lex sonrió con amargura – Maté a mi propio padre, ¿recuerdas? "Culpa" no está en mi diccionario, me temo.
-Ya. Lo sospechaba – ella también sonrió, pero la suya era una sonrisa traviesa y picara – No me equivoqué al elegirte, Lex. De toda la Familia Luthor en todo el Multiverso, eres el mejor.
Él suspiró. También se incorporó sobre la cama y la observó. Lo hizo detenidamente.
La chica a su lado era jovencita. ¿Qué tendría? Fácilmente entre 20 y 21 años –él era más grande que ella. Estaba bordeando los 30 y pico actualmente–. Era bellísima, tenía ojos color esmeralda y el cabello lacio se le derramaba en cascada sobre sus hombros. Era pelirroja.
Aparte de esos detalles –y de la generosa anatomía de sus curvas– aquella chica ya era especial en sí por una importantísima razón y era esta: era su descendiente.
Concretamente, su tátara-tátara-nieta venida del siglo 30.
Su nombre era Alexis Luthor… y tenía un plan para hacerlo dueño de un imperio más grande que el que ya tenía bajo su control. Ella le prometió el Multiverso.
***

Salvo que Alexis no era realmente descendiente suya…
Según Lex tenía entendido, el verdadero ancestro de la muchacha era en realidad una contrapartida suya de otro mundo. "Tierra-54", le llamaba ella a ese sitio.
Al joven Luthor todavía le costaba acostumbrarse a aquello. No tenía problemas con asumir el concepto de las "tierras paralelas", pero una cosa era leer un ensayo de Física Quántica sobre ello y otra bien distinta tener delante de sus propios ojos la cabal prueba de que la existencia de un Multiverso era real.
La primera vez que vio a Alexis, la chica se había entrometido en su oficina. Con una habilidad pasmosa, también se había inmiscuido en sus negocios previamente haciéndole "mejoras" al organigrama de planeamiento de Luthorcorp. Pese a sus recelos y protestas iniciales, Lex descubrió que a la larga iba a salir beneficiado de todo aquello. Las manipulaciones financieras y económicas de Alexis en su empresa le ayudaron a amasar una fortuna aún más amplia de la que ya disponía. Y si debía creerle, la chica le había prometido mucho más. "Tengo un plan", le dijo con una sonrisa en el rostro, "Un gran plan. No te preocupes, Lex. El Multiverso será nuestro."
Y era gracias a todo esto, pero principalmente a esta promesa en particular, que Lex la había dejado hacer, cediéndole el control temporario de todas sus industrias, mientras aguardaba el momento en que aquellas palabras se cumplieran y se volvieran una realidad.
Alexis acabó levantándose de la cama. Despreocupada, se metió en el baño y se dio una ducha. Mientras el agua caliente recorría todo su perfecto cuerpo, tarareó una canción. Lex la escuchó largo rato. Momentos después, reapareció toda arreglada y perfumada.
-¿Vas a salir? – le preguntó él.
-Sí.
-¿Puedo saber a dónde?
Alexis lo miró, enarcando las cejas. Estaba colocándose unos carísimos aros de diamantes frente a un espejo. Luego, se pintó los labios y se delineó los ojos para, acto seguido embutirse en un costoso vestido de marca y ajustarse un par de brillantes zapatos de tacón alto.
-¿Para qué quieres saber adónde voy? – replicó – Te recuerdo que no eres mi padre y que ya tengo edad más que suficiente como para salir sola.
-Es que me gusta saber en qué se está gastando mi dinero, exactamente.
-Lex, cariño… ¿No te lo dije antes? Despreocúpate. Todo irá bien. Deja todo en mis manos y confía en mí.
-Lo siento, pero llevas el apellido Luthor. Difícil que pueda confiar en ti. Al menos, plenamente.
-Que simpático. Lo dice el hombre que mató a su propio padre para heredar una fortuna – la chica tomó una cartera de piel de lagarto. Le guiñó un ojo y le tiró un beso – Lo repito: despreocúpate. Deja todo en manos de la prima Alexis y duerme tranquilo. Bye, bye. Nos vemos. No me esperes.
Cuando Alexis se marchó, un disgustado Lex también se levantó de la cama y se dio una ducha. Dejó que el agua se derramara sobre su calva cabeza un buen rato mientras pensaba.
La muchacha no solo lo había ayudado financiera y económicamente con sus negocios desde que llegó a su vida. También había hecho muchísimo por su memoria…
Luego de una serie de eventos, Luthor acabó con todos sus recuerdos sobre su pasado en Smallville borrados.[5] Alexis, merced a sus conocimientos científicos "made in" siglo 30 habían acabado por restaurárselos. De ese modo, ahora él volvía a tenerlos en su cabeza y planeaba que allí siguieran, inamovibles como al principio.
Clark Kent, Lana Lang, Chloe Sullivan, Oliver Queen, Lois Lane, Tess Mercer e, incluso su padre, Lionel Luthor. Todas las vivencias, todos los recuerdos de sus experiencias pasadas con ellos estaban de regreso. Por fin las piezas del rompecabezas encajaban en su lugar. Estaba listo para asumir su destino.
Era un hombre completo y poderoso.
Pronto, lo sería aún más.

[1] En la mayoría de mis relatos (sobre todo aquellos de Superman), Dios aparece utilizando la forma de Morgan Freeman, al igual que como el actor de raza negra lo interpretaba en la película "Todopoderoso", junto a Jim Carrey. Como sin duda esta imagen está ligada a la del Creador en el imaginario popular cinéfilo de los últimos tiempos, es un cliché que he deseado conservar para mis relatos.
[2] Todo lo aquí narrado puede hallarse en las páginas de la maxi-serie de 12 números de 1985, "Crisis en las Tierras Infinitas". No estoy contando nada nuevo, a decir verdad. Mi único aporte a la ficción ha sido esta suerte de ampliación del asunto con la inserción del mismo Dios como narrador de los acontecimientos ocurridos. Remito al lector a los comics originales para conocer con más detalle este hecho de relevancia cósmica para el Universo DC.
[3] En la continuidad actual de DC Comics, el Multiverso ha vuelto a existir. Son 52 las Tierras que hay. Tierra-53 es la continuidad de Fanfictions DC de mis amigos de Action Tales. Tierra-54 es mi propia continuidad, donde transcurren la mayoría de mis relatos e historias de Superman.
[4] En realidad, durante la saga de "52", un villano llamado Mr. Mind, quien solo podía alimentarse del tiempo y el espacio, viajo por el nuevo Multiverso comiendo partes de la historia de las diferentes Tierras hasta que fue detenido por Booster Gold, Rip Hunter y Daniel Carter. Como la historia francamente no me gustó, decidí meter este cambio en la trama propuesta por la gente de DC, en la cual el villano que amenaza al nuevo Multiverso "comiéndose" trozos de la historia de cada Tierra paralela fuera el Señor del Tiempo, el misterioso archienemigo de la Legión de Superhéroes. Y ya que introduje ese cambio no me limité solo a eso, sino que para detener a este villano, inventé que fue la Quintaesencia quienes salieron a hacerle frente. Muy probablemente, en alguna historia posterior se comenten más explícitamente estos hechos…
[5] Para más datos al respecto, véase el último capítulo de la serie de TV "Smallville". Tierra-35 es, según la lista oficial de DC Comics, el universo donde transcurren las aventuras que vimos en la pantalla chica.

jueves, 28 de agosto de 2014

Próxima obra del Padre J.A Fortea: Neovaticano



Con sumo placer y muchísima felicidad, es que debo dar las gracias al Padre José Antonio Fortea por hacerme llegar una copia de su próxima novela presta a publicarse online dentro de poco, titulada: “Neovaticano: Una fantasía teológico-arquitectónica”. Un hermoso libro de 600 y pico de páginas (¡No se desmayen! ¡Stephen King escribe libros de casi 500 páginas y todo el mundo vive alabándolo, así que…!) el cual, prontamente empezare a leer.
Así como en su momento hice con “Torres Góticas” (otra excelente novela del Padre Fortea de misma extensión de páginas) cuando acabe mi lectura, seguramente habrá una reseña & opinión personal sobre dicha obra en este mismo blog. Les sugiero estar atentos a los próximos días, semanas y meses (los libros se leen de a poco… se disfrutan. Y debo decir que los libros del Padre Fortea son de estos últimos. Al menos, para mí).
Desde ya, de nuevo, quiero agradecer al Padre Fortea por pensar en mí al hacerme llegar este ejemplar en su edición digital. Es un placer enorme ser tomado en cuenta por un excelente escritor, un gran hombre y una muy buena persona de Fe cristiana como lo es él.
Si todavía no conocen la Obra del Padre Fortea, ¿a qué están esperando? Chequeen las reseñas & opiniones que tengo sobre algunos de sus libros y vayan ya mismo a leerlos (ya sea los compren o los lean desde sus PCs). No tienen ningún desperdicio y son una auténtica maravilla.
¡Saludos a todos!

miércoles, 27 de agosto de 2014

Mundo de Dioses, de Rafael Marín


En esta novela Marín no se conforma con aprovechar el contexto habitual en el género, es decir, un entorno urbano en el que campan justicieros y villanos con o sin superpoderes, sino que decide crear un mundo completamente diferente donde encajar su historia de superhéroes. Este contexto es una suerte de futuro distópico, dominado por una raza aparentemente todopoderosa conocida como los dioses, que controlan el destino de la humanidad. Entre medias se encuentran los derivantes, un cruce genético entre dioses y humanos con poderes limitados aunque nada despreciables, y que son considerados una amenaza por el resto de las razas. Estos mutantes son perseguidos por los Centinelas, la guardia humana especializada en la caza de derivantes, equipada con servo-armaduras y armamento pesado al más puro estilo “marine espacial”.
MI OPINION SOBRE ESTA NOVELA:
Una magnífica obra de arte. Y no estoy exagerando. Eso me parece esta novela de Rafael Marín, “Mundo de Dioses”. Una obra de arte. No sólo por la temática sino por el hecho de la maestría con que el autor logró plasmar el estilo de un comic en un relato narrativo coherente y muy, muy interesante…
Como se ha dicho más arriba, “Mundo…” nos cuenta la historia de un futuro alternativo y distópico, donde una raza de metahumanos conocida como “los dioses” gobiernan la Tierra. Por debajo de ellos, está la Humanidad, pobre e impotente, que sigue a pie de letra todos y cada uno de sus caprichos hasta incluso, convertirse en carne de cañón para sus amos. Y por supuesto, también están los “Derivantes”, hijos bastardos de estos singulares dioses, seres con poderes enormes y resentidos, quienes de alguna manera u otra, ansían rebelarse ante sus superiores y reclamar el lugar que les corresponde como legítimos herederos de una dinastía superpoderosa cuyos orígenes se pierden en el misterio y en el más insólito de los enigmas…
Los protagonistas centrales de la novela son tres: Andrea Vanderlbilt, una “Centinela” (el cuerpo de marines que utilizan avanzadas armaduras para cazar a los Derivantes) -quien  esconde un profundo secreto-, la periodista Davinia Cross –obsesionada con descubrir el origen de los dioses-, y Jason Prince, un Derivante muy singular, hijo de una diosa y de un sacerdote humano, quien es perseguido y atormentado por los fantasmas de su pasado. Estos tres personajes se irán juntando durante el transcurso de la trama con un cuarto sujeto, alguien que tiene la clave para terminar con todo un mundo… o para reiniciarlo.
El libro es maravilloso por donde se lo mire. Es una novela repleta de acción y muchos “efectos especiales”, tan abundantes en el mundo del comic de superhéroes. Hay marcados homenajes y guiños del autor hacia las grandes editoriales de Marvel y DC, y de inicio a final, la novela te atrapa y te arrastra a un universo plagado de aventura, misterio y grandes combates. Y por supuesto, también desarrolla perfectamente el concepto del “Superhombre”, mostrándonos una faceta real del asunto.
Lo controversial de la trama no es que existan verdaderos superhombres, sino que estos no estén para servir a la Humanidad, sino más bien, todo lo contrario. Para dominarnos, para gobernarnos, para hacer lo que quieran y les plazca con nosotros. Sintonizo con esta idea partiendo desde la base de que de existir seres con poderes superiores como los de esta novela (o como se nos muestra en las películas de X-Men, por ejemplo) ellos serían quienes gobernaran y nosotros los perseguidos. Difícilmente me crea que seres que pueden incinerar con la mirada, volar por los cielos, doblar acero con las manos desnudas, regenerarse totalmente y muchas maravillas más van a ser minoría y, justamente, una minoría perseguida. Otro adepto a esta idea (seres superiores dominando a la Humanidad) era el famoso escritor de CF (Ciencia-Ficción) Phillip K. Dick. Siempre recordaré que él postuló lo mismo que Rafa Marín plasmó tan hábilmente en “Mundo de Dioses”. Esta pléyade de metahumanos no son héroes… son nuestro gobernantes.
(Lo que no quita que la idea de metahumanos con ideales nobles, tipo Superman, me siga atrayendo y por la cual guarde mucha estima… pero eso en la ficción. En la realidad, de existir seres así, serian como los de esta novela, lamentablemente).
EN SINTESIS:
Una novela maravillosa. Totalmente recomendable. No se la pierdan!
Saludos!

martes, 26 de agosto de 2014

Una autentica belleza. ¡Imperdible!


La entrada de hoy viene de recomendación imposible de eludir para todos ustedes. La chica de la foto de arriba es mi buena amiga Zania (Inma Bailac), una autentica belleza como pocas, modelo, artista y en sus ratos libres, también una excelente escritora. El enlace que voy a pasarles a continuación va directo a su Facebook profesional, donde podrán verla en sus más recientes trabajos. ¡A prestarle mucha atención a esta chica y a seguirla, que es una estrella totalmente en ascenso y a la que auguro un excelente futuro!
PD: ¡Zania, te amooooo! :)